Al llegar al último tramo de nuestras vidas sabemos, aunque sea inconscientemente, que no hemos hecho lo que prometimos, sabemos que no hemos cumplido la misión que nosotros mismos nos habíamos encomendado para esta vida ya antes de nacer.

Ese saber que no hemos cumplido lo prometido nos genera una sensación de desasosiego, de falta de tiempo y de culpa. Y la culpa siempre busca el castigo. Así en lugar de vivir esta última etapa como lo habíamos previsto antes de nacer: una etapa de calma, felicidad y sirviendo de ejemplo a los que nos siguen, la vivimos cargados de malestar, dolor, tristeza y sobre todo de mucho miedo (a la muerte, a lo que sigue, etc.)

Las sesiones con Anne nos permiten hacer las paces con nuestras vidas, con nuestra muerte y retomar la misión que traíamos.

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